Doctrina Cristiana


PRIMERA PARTE "El DOGMA".
La palabra "dogma" ha sido rechazada o despreciada en algunos círculos, tal vez por no comprenderla. Los católicos entendemos por dogma, una verdad revelada por Dios y como tal, propuesta por la Iglesia a nuestra fe. Como cualquier verdad científica, hay que creerla por el simple hecho de ser verdadera. La razón nos exige creer que 2 más 2 son 4. La Iglesia no "impone" las verdades de la FE; las propone y las demuestra.
TOD0 El DOGMA CATÓLICO ESTA COMPENDIADO EN EL CREDO.
En el Catecismo de la IGLESIA CATOLICA aprobado por S.S. Juan Pablo II aparecen dos versiones de EL CREDO: el "Símbolo de los Apóstoles" y el "Credo de Nicea-Constantinopla"; en esta exposición nos referiremos a la 1a. versión por ser la adoptada por el catecismo de la Iglesia y que consta de 12 Artículos.

LA MORAL.
El don de la gracia es totalmente universal y gratuito. Dios quiere que todos los hombres se salven. Pero el hombre como hemos visto, puede aceptar o rechazar el plan de Dios.
Sabiendo Dios la fragilidad y las limitaciones humanas, se dignó desde el Antiguo Testamento, indicarnos cómo debemos responder al llamado a la vida Divina.
Explicitando la ley natural que todo hombre tiene inscrita en su corazón, por medio de Moisés, nos entregó el DECALOGO tal como lo consigna la Biblia en el capítulo 20 del libro del Exodo.
La Iglesia nos transmite la ley de Dios en un resumen de "Los Diez Mandamientos". No debemos ver a los mandamientos de la ley de Dios como imposiciones arbitrarias que coartan la libertad del hombre, sino todo lo contrario: en la encíclica "Veritatis Splendor" del Papa Juan Pablo II, con toda claridad se nos dice cómo la ley de Dios es precisamente la máxima garantía de la libertad del hombre,.
La realización plena del ser humano consiste en poder llegar libremente a su fin último que es Dios mismo. "Condúceme por el sendero de tus mandamientos porque en él pongo mi dicha" cantaba el salmista (Sal. 1 19,35).
He aquí la fórmula del Decálogo adoptada por la Iglesia, inspirada en el libro del Exodo 21,1-17 y en el Evangelio según San Mateo 22,37:
1. Amarás a Dios sobre todas las cosas.
2. No tomarás el Nombre de Dios en vano.
3. Santificarás las fiestas.
4. Honrarás a tu padre y a tu madre.
5. No matarás
6. No cometerás actos impuros.
7. No robarás
8. No levantarás falso testimonio ni mentirás.
9. No desearás la mujer de tu prójimo.
10. No codiciarás las cosas ajenas.

MEDIOS DE SANTIFICACIÓN.
Hemos visto anteriormente cómo el designio maravilloso de Dios acerca del hombre es nada menos que divinizar su existencia por medio de la PARTICIPACIÓN EN SU VIDA DIVINA, que llamamos GRACIA SANTIFICANTE.
Los mandamientos, tanto de la ley de Dios como los de la Iglesia, nos indican el camino seguro para poder vivir en gracia de Dios.
Pero somos terriblemente frágiles. Nos asaltan a cada instante las tres grandes tentaciones de todo ser humano: placer, riqueza y poder. Por eso Jesucristo sale a nuestro encuentro por medio principalmente de los SACRAMENTOS que nos comunican su vida Divina y la acrecientan sin cesar.
Los sacramentos son aquellos actos sagrados instituidos por Nuestro Señor Jesucristo y que la Iglesia agradecida y fiel, repite en su nombre hasta el fin del mundo, santificando a todas las generaciones de creyentes cristianos.
Es de todos sabido que el primer sacramento que se recibe es el bautismo y que a partir de ese momento la vida Divina está en nosotros, pero todos los demás sacramentos confieren la gracia, cada cual, a su manera, divinizando cada vez mas nuestra existencia.
Si con el BAUTISMO nacemos a la gracia, con la CONFIRMACIÓN la robustecemos y adquirimos la madurez cristiana; alimentamos nuestra alma con la SAGRADA EUCARISTÍA, sabiendo que quien no se alimenta, muere; con el sacramento de la RECONCILIACIÓN podemos recuperar la gracia si la hubiéramos perdido por un pecado mortal; en los momentos difíciles de la enfermedad o del peligro de muerte, la UNCIÓN DE LOS ENFERMOS no solamente aumenta la gracia en nosotros, sino que puede obtener la salud física del enfermo.
Cuando llega el momento del amor y se piensa en fundar una familia, el MATRIMONIO SACRAMENTAL santifica y diviniza el mismo amor humano.
Y si el Señor, como en Galilea, llama a un joven al sacerdocio, el ÓRDEN SAGRADO le confiere los poderes divinos del mismo Cristo.
Toda nuestra vida debe estar orientada a la vida en gracia, ya que éste es el destino querido por Dios al crear el cosmos. Vivir privados de la gracia de Dios es frustrar la obra de Dios en nosotros y es un suicidio eterno. Siendo pues, los sacramentos, los conductos ordinarios por los cuales Dios diviniza nuestra alma, la vida del cristiano debe ser EMINENTEMENTE SACRAMENTAL. Desde el maravilloso momento de nuestro bautismo hasta nuestros funerales, debemos estar alimentando nuestra alma con los sacramentos.

Otras Devociones.
Sin embargo, en la Iglesia católica encontramos una enorme gama de apoyos espirituales aparte de los sacramentos propiamente dichos.
El primer apoyo es la Iglesia misma. Somos una comunidad. No somos cristianos aislados. Maravillosa sensación la de sentirnos unidos por la fe no tan solo en nuestra propia parroquia sino en todo el mundo. El católico se identifica inmediatamente con católicos de otras razas, de otros idiomas. En nuestro mismo barrio, está la Iglesia de Jesucristo animada y santificada por el cura párroco. Les recomendamos ampliamente el Folleto EVC Nº 629 titulado "Mi Parroquia" que ayudará a comprender el papel de la comunidad parroquial.
En la parroquia encontramos no solamente la dirección atinada del sacerdote, sino además asociaciones y movimientos que nos permiten crecer en la fe, instruirnos en religión, actuar en grupos para auxiliar a nuestros vecinos en lo que llamamos obras de misericordia, que abarcan desde las necesidades espirituales hasta las corporales.
La Iglesia siempre ha defendido el culto a los Santos a través de las imágenes que los representan. Cristo de ninguna manera prohibe las imágenes, siendo El mismo "La Imagen perfecta del Dios invisible (Col. 1,15). No tiene nada de malo adornar nuestras capillas y casas, con imágenes del Señor, de la Santísima Virgen o de nuestro Santo Patrono, ya que ellas nos recuerdan y hacen presentes las infinitas misericordias, que Dios ha obrado en nosotros y en los que nos han precedido y ya gozan de su visión eterna.
Es también en la Iglesia católica, Madre y Maestra, en donde recibimos la Palabra de Dios. Ella es la que nos entrega los libros del Antiguo Testamento heredados de Israel, la que nos escribió el Nuevo Testamento, la que nos transmitió a través de los siglos, copiándola pacientemente y con toda fidelidad en los monasterios europeos, la que pone ahora a nuestra disposición las diversas ediciones garantizadas por los Señores obispos y la que por fin nos facilita la correcta interpretación de la Biblia con la autoridad del magisterio eclesiástico en los diversos cursos bíblicos.
Recordemos que ya el primer Papa, San Pedro, nos advierte que "Nadie puede interpretar a su gusto una profecía de la Escritura, ya que ninguna profecía proviene de una decisión humana, sino que los hombres de Dios hablaron movidos por el Espíritu Santo" (11 Pe.1, 20-21).
Es por eso que los protestantes yerran al aplicar el principio luterano de la "libre interpretación de la Biblia" y cada secta enseña cosas diferentes, ausentes de todo control y veracidad. Solo en la Iglesia y con la Iglesia católica podemos tener la seguridad de interpretar correctamente la palabra de Dios.
Gran auxilio para el cristiano es el seguimiento del año litúrgico, en el cual la Iglesia nos presenta no tan solo las verdades fundamentales de la religión, sino que en las fiestas de la Santísima Virgen y cielos santos nos invita a seguir las huellas de los que supieron vivir en Gracia divina y ahora son nuestros maestros e intercesores.
No podemos dejar de mencionar ciertas tradiciones y costumbres que llamamos "religiosidad popular" y que la iglesia respeta y trata de orientar hacia la vida sacramental. El pueblo fiel expresa su fe de mil maneras, muchas de las cuales son realmente positivas y enmarcan la vida cotidiana acercándonos a Dios.
Pero también existen algunas tradiciones que han perdido su carácter auténticamente cristiano y se han dejado impregnar de otros ritos o creencias, ajenas al Evangelio. La ignorancia religiosa hace que nos desviemos y pongamos nuestra esperanza y nuestra fe en cosas secundarias, no sacramentales o francamente supersticiosas.
Entre las devociones útiles podemos mencionar las peregrinaciones, las novenas o triduos, sobre todo si van acompañadas de la reconciliación y la comunión.
Son en cambio totalmente reprobables ciertas devociones como las "cadenas" que rayan en la superstición.






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